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MODERNIZACIÓN
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¿EL PROFESOR PARA LA ASIGNATURA Por: José Eduardo Cubías Colorado, Catedrático
de la Universidad de El Salvador. A
nivel universitario, la distribución de las asignaturas siempre ha
constituido un problema de administración académicamente que se repite,
con mayor o menor grado, cada ciclo de estudios. Encontrar
la correlación adecuada entre la cátedra y el profesor ha sido la
constante del problema que, en muchos casos, ha derivado en crisis docente
estudiantil. En
nuestra Universidad no son pocos los casos de movimientos estudiantiles de
protesta contra la incapacidad de docentes, que no han correspondido a los
requerimientos académicos de las asignaturas. En el seno de las
comisiones para designar docentes y asignaturas prevalecen dos criterios:
la cátedra para el profesor, y el profesor para la cátedra; en
cualquiera de los dos casos, el propósito es la justificación de la
carga académica. En
el primer caso (la asignatura para el profesor), la correlación no es muy
adecuada por el riesgo de la idoneidad del docente. Se busca, casi
siempre, llenar vacíos, completar una nómina para corresponder a la
demanda estudiantil e iniciar un ciclo de estudios. La improvisación se
pone de manifiesto en detrimento de la calidad de la formación
profesional del estudiante. En
el segundo caso (el profesor para la asignatura), se dá por entendida la
idoneidad del docente en cuanto reune las condiciones de especialización
en el área de estudios, dado su dominio y experiencia en la materia; es
el caso del docente capaz en virtud de lo cual recibe el reconocimiento y
la aceptación del estudiante. Cuando
las unidades académicas (departamentos, escuelas, etc.) tienden a
dividirse en áreas diferenciadas y a formar su cuerpo docente con este
criterio, se re el riesgo de la improvisación y sus nefastas
consecuencias. La
carga académica resulta demasiada pesada para aquellos docentes sin la
calificación y la vocación que requieren determinadas asignaturas; por
el contrario, ésta resulta liviana cuando el catedrático responde con su
preparación, metodología, procedimientos didácticos, experiencia,
calidad profesional y humana. En
los programas de formación docente, la capacitación del cuerpo de
instructores y ayudantes de cátedra, debe figurar en la planeación
estratégica, de cara a la demanda estudiantil del próximo milenio. Se
debe revertir el anacrónico postulado maltusiano: a mayor cantidad (de
estudiantes) menor calidad (académica) correlación muy evidente con la
proliferención de las universidades privadas. Concluimos
en que la Universidad de El Salvador debe recuperar su prestigio como “Máximo
Centro de Educación Superior Universitaria” del país, y no
precisamente por la cantidad de estudiantes sino por su calidad académica.
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