|
ARTÍCULOS DE OPINIÓN Crisis ambiental último llamado En el cuerpo destrozado del Alma Mater Información... más que un derecho, un deber PREPARÁNDONOS ANTES DEL CAMBIO NUEVAS AUTORIDADES EN LA UES Y UN BLOQUE ESTUDIANTIL |
|
MODERNIZACIÓN
Se restauraron 4 páginas corruptas, corrigieron 523 enlaces y migró el sitio a UTF-8.
|
|
EL CANAL DE PANAMÁ PARA
LOS PANAMEÑOS Por: Max Herrador El
próximo 31 de diciembre, al mediodía, el Canal de Estados Unidos construído
en Panamá pasará a ser de los panameños. Irónicamente tuvo que
transcurrir un siglo para que esto sucediera. Desde
1977, cuando fue firmado el Tratado “Torrijos-Carter” se inició el
largo camino de transferencia de los patrimonios de la vía interoceánica,
hacia los dueños del territorio donde se ha construido una de las máximas
obras de ingeniería de este siglo, el Canal de Panamá. El
último día de 1999 terminará el Tratado, específicamente cuando Panamá
asuma por completo la responsabilidad del funcionamiento del Canal. Antes
de 1977 la zona del Canal era un enclave (lugar que dominaban los
gringos), donde ni siquiera los mismos panameños tenían derecho a
entrar. La zona del Canal más que un enclave era un irrespeto a la
autonomía panameña, un atropello a la dignidad de los ciudadanos. Es
así como el 9 de enero de 1964, un grupo de estudiantes toman la bandera
del país y la alzan en la cima del Cerro Ancón, frente al edificio de la
administración del Canal, lugar donde los extranjeros ejercían sus
dominios. Por este acto inaudito, fueron reprimidos salvajemente muchos jóvenes,
hasta el punto de costarles la vida. Tal
incidente indignó a todo el pueblo panameño, que exigió recobrar todo
el territorio de la zona del Canal. Fue un sentimiento nacionalista que
afloró en la sociedad; hasta convertirse tal gesta histórica en un
movimiento de consenso político, que incidió en una serie previa de
acuerdos, que concluyeron en la firma del Tratado concerniente a la
neutralidad permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá, el 7 de
septiembre de 1977. Tratado
de Neutralidad La
transferencia del Canal, de Estados Unidos a Panamá, está bajo el marco
del Tratado de Neutralidad, el cual consiste en que ambos países durante
el período de transferencia tienen el derecho permanente a defender la
neutralidad de la vía acuática, es decir, que
se garantiza que en el Canal podrán cruzar barcos de todas las
naciones, sin distinguir rasgos políticos o religiosos; en tiempos de paz
o de guerra. Este
período prácticamente ha llegado al ocaso, los panameños serán autónomos
en la administración del Canal a partir del 2000, y deberán garantizar
la defensa del mismo a través de su ejército, a su vez tienen que ser
neutrales en cualquier conflicto y no podrán negarle el servicio interoceánico
a ninguna nación del mundo. Todo
esto se oye bonito, pero “el gato se disfraza de liebre”. Cuando se
analiza detenidamente la famosa Reserva Nunn y los impactos políticos de
algunos acontecimientos de la historia panameña, entre ellos la
intervención de Estados Unidos a Panamá, a fines de 1989 para deponer a
Noriega, porque el General graduado de las Escuelas de las Américas, se
había salido de sus planes estratégicos y amenazaba con dar rienda
suelta al nacionalismo panameño y atacar las bases militares
estadounidenses, en su recordado discurso del machete. Esto
evidenció las intenciones de la madrastra del norte de no pretender
soltar el Canal de Panamá así de fácil, no por gusto movilizaron en esa
invasión más de 25 mil efectivos. Reserva
Nunn Para
que un Tratado llegue a ser válido debe ser ratificado no solamente por
los presidentes firmantes de cada país, sino, por los parlamentos
respectivos. En la Asamblea Legislativa panameña no hubo mayor problema;
sin embargo, en Estados Unidos las cosas no funcionaron de esa manera, el
Tratado de Transferencia y Neutralidad se ratificó pero se introdujo una
reserva impulsada por el senador Nunn. Una
reserva en materia de Derecho Internacional se refiere cuando un Estado no
quiere cumplir ciertas provisiones de un tratado. La reserva Nunn es específica
y clara, ya que Estados Unidos no está en la buena disposición de
retirarse de Panamá solo por las firmas de Torrijos-Carter. Esta reserva estipula que, tanto Panamá como Estados Unidos se reservan, valga la redundancia, los derechos de poder negociar posteriormente del 2000 nuevos tratados que garanticen la permanencia de tropas estadounidenses en territorio panameño con el fin de brindar una mayor protección al canal. Panamá a fin de siglo
Dentro
de la sociedad panameña existen serios temores, hasta cierto punto
paradigmáticos, que les impiden un debate social pleno de cara a los
intereses de los movimientos populares que en las décadas 60 y 70
gestaron los tratados del Canal. Estos temores se reflejan en la opinión
pública en el aborde de temas conexos como las guerrillas colombianas en
las fronteras del Darién que amenazan con incursiones al territorio
panameño. Otro
tema es la implicación de militares en el asesinato y tortura del Padre
Gallegos (mártir nacional desaparecido en 1971), con un trasfondo de
poner en el banquillo de los acusados a la casta militar panameña, que se
encuentra débil y carente de solvencia moral, como para que se les confíe
a ellos únicamente la defensa del Canal. El
repudio generalizado a las viejas prácticas norteamericanas en sus épocas
de enclave, la exigencia de una limpieza total de las zonas minadas en las
ex bases militares, las secuelas de sustancias químicas usadas para los
experimentos que se hacían durante la guerra fría, son temas
controversiales aún. Pero
el tema que mayormente se sensacionaliza es la incertidumbre con la salida
de los Estados Unidos en la administración del Canal y el papel que jugará
el dólar a partir del nuevo siglo en la economía panameña, ya que como
todos saben es una banca dolarizada. Las
relaciones futuras entre Estados Unidos y Panamá según expertos del
Derecho Internacional estarán enmarcadas en dos vías, por una parte la
exigencia panameña por la descontaminación de las bases militares, y por
otro lado, las negociaciones para la presencia militar estadounidense
después del 2000. Este último tema se hace sentir como una fuerte presión
hacia el Estado panameño, una sombra implacable que debe llevar consigo
el Gobierno de la Presidenta Mireya Moscoso. Hasta
ahora, las temáticas se han desbordado en que la transferencia de la
administración del Canal es un tema netamente económico-político y la
presencia militar estadounidense es un tema de seguridad, no sólo por la
vulnerabilidad del Canal de esclusas, sino también por la integridad del
territorio nacional. Teniendo en cuenta, el estigma del rol de neutralidad
que debe jugar Panamá en la política internacional. Según
los analistas, el poco debate de fondo en la sociedad y la separación
entre los temas económico-administrativo y seguridad del Canal, le
permite a los sectores dominantes reorganizar la visión del sentimiento
nacional; si antes los beneficios económicos por los tratados de
transferencia pasaban por ampliar el consenso político de las clases
sociales, hoy, la estabilidad económica tiene relación directa con el
control de las actividades de las clases sociales, al margen del consenso
político. Esta
transición entre el consenso político y el consenso legal, fue posible
mediante un complejo proceso donde el dólar se queda en Panamá, la
transferencia del Canal se da plenamente en sus términos concretos, las
áreas revertidas son expropiadas por el capital transnacional y las bases
populares negocian. La
división del problema ha permitido ocultar en realidad, lo que está en
juego. Antes el consenso político se alcanzó a partir de las exigencias
de las bases populares; ahora estas bases populares están a punto de
asistir a la venta del patrimonio del Canal, en medio de una gran fiesta cívica
que opaca la ruptura de la relación progresividad-reformas-demandas
nacionales, con relación al Canal de Panamá. Ante todo esto, la comunidad estudiantil de la Universidad de Panamá prefiere guardarse las celebraciones, porque el futuro inmediato no es para estar soportando resacas después de las fiestecitas del 31 de diciembre de 1999. Es importante antes que nada, crear nuevos espacios organizativos diferentes a los impuestos por las capas medias y pequeña burguesía. En todo caso si hay que celebrar deberá ser, con todo derecho el 9 de enero, por el día en que los estudiantes alzaron la bandera panameña sobre los intereses transnacionales del gobierno gringo.
|
|
|