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LA INFORMACIóN

MáS QUE UN DERECHO UN DEBER

 Por: Max  Herrador

   La información más que un derecho es un deber. Un derecho en el doble sentido, por un lado todos tenemos el derecho de conocer la realidad que vivimos, y por otro,  también todos tenemos el derecho de expresar libremente lo que pensamos, claro, sin violentar la integridad de los demás. Esto implícitamente nos lleva a la idea del deber que tienen los comunicadores de informar lo que sucede en realidad, y no solo eso, si no de tratar la información en términos profesionales en pro del desarrollo. 

Teniendo en cuenta la tecnologización de los medios de comunicación en la década de los 80, sobreponiéndose a los procesos artesanales usados en los 70. Es imperativo el papel que desempeñan los medios en esta última década del siglo, específicamente en los años de clausura del milenio, en donde el trato que se le da a la información lleva un fuerte estigma de dominación de masas.

La prensa refleja los mismos males que la sociedad salvadoreña padece, la crisis de valores y la corrupción. La información es cada vez menos fidedigna en el ámbito de análisis e interpretación, ya que los periodistas toman los hechos y no dan un profesional proceso a la información, es decir, que los acontecimientos (semeóticamente hablando) que los medios de comunicación retoman y que hasta cierto punto crean, a través de sus recursos humanos (los periodistas) y tecnológicos, se vierten en la opinión pública y no son los más idóneos para potenciar el desarrollo.

“El directo” dejó más que evidente la hipótesis antes planteada, sin entrar a mayor detalle del caso que todos conocemos, solo me refiero a decir que pudo más la fuerza del mercado, que el profesionalismo en la información, en otras palabras, el sensacionalismo pasa sobre la ética y sobre la necesidad de un público de conocer la realidad de las cosas.

Es importante visualizar también ¿por qué se da esta situación?. Dentro de lo que me compete analizar como estudiante debo de decir que el pseudo periodismo es la generalidad en los grandes medios de comunicación. La paupérrima forma en que se trata la información hace que la profesión sea denigrada no solo en el ámbito de la opinión pública, sino también, se traduce a sueldos de hambre, por lo que se cotiza muy baja nuestra labor, algo a lo que sin duda no se van a exponer tan fácilmente los verdaderos profesionales, que prefieren estar dando sus servicios en otros rubros que no sean las empresas que constituyen el casi monopolio de la comunicación.

Entonces vemos que la carencia de valores es normal entre los “periodistas”, que se prestan al soborno (las famosas mentas), a la parcialización de la noticia y el discurso distorsionado, al menos en la generalidad, puesto que hay excepciones de buenos periodistas que trabajan por convicción y unos pocos que si se les paga a la altura de su dignidad.

La solución de una gran parte de este problema depende de las escuelas de comunicadores, sin embargo, éstas aún continúan con bajos niveles académicos y modelos educativos no acoplados a la realidad, con cátedras tradicionales, mientras las técnicas y procesos de trato de la información siguen avanzando a gran velocidad.

Otras soluciones están sobre la mesa, por ejemplo,  la creación de un código de ética que regule la práctica periodística y la debida organización del gremio de profesionales, sin embargo estas aún dejan muchos vacíos que llenar, algo que sin duda lo deben de retomar las futuras generaciones de comunicadores.

Los medios alternativos están sistemáticamente opacados, el ejemplo referencial más concreto fue la batalla pérdida por las radios comunitarias hace un par de años, en donde el desarrollo local de pequeñas poblaciones se vio frustrado al coartar legalmente su derecho de información.

Finalmente debemos de entender concretamente el concepto de democratización de los medios de comunicación, es decir, el derecho y el deber de los ciudadanos de participar en ellos, así como la pluralidad de las ideas,  algo que está muy lejos de nuestra realidad, mientras la sociedad en general no exija un flujo transparente y respetuoso de la información, el desarrollo siempre tenderá a tropezarse.

 

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