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ARTE Y LITERATURA UES Elogio de paquines y tiras cómicas PREPARÁNDONOS ANTES DEL CAMBIO NUEVAS AUTORIDADES EN LA UES Y UN BLOQUE ESTUDIANTIL |
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ELOGIO
DE PAQUINES Y TIRAS CÓMICAS Por: Gustavo Marenco
Director de Biblioteca Central UES Puedo decir con exactitud como descubrí
el placer de la lectura, pues recuerdo cuanto gozaba en mi niñez leyendo
paquines y tiras cómicas. A decir verdad, aún disfruto regurlarmente de
los “muñequitos” de los periódicos dominicales. No puedo olvidarlos,
ya que fueron ellos quienes inicialmente estimularon mi curiosidad,
encendieron mi imaginación y despertaron mi gusto por la lectura. A medida que me nutría en los textos de
primaria, galopaba mi fantasía a la par de Héroe, el caballo del
Fantasma y su feroz lobo, Diablo; volaba mi imaginación a la velocidad de
la luz, sentado a la par de Buck Rogers en su nave espacial, con destino
al tenebroso planeta Mongo. Fueron mis amigos cercanos El Hombre de Goma y
Mandrake el Mago; compartí travesuras con Hans y Fritz en Maldades de Dos
Pilluelos y defendí ciudadelas y fortalezas con el Príncipe Valiente y
los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo. Paralelamente a las obras de
bachillerato, descubrí las encubiertas huellas de horrendos crímenes
gracias al ojo avizor e inigualable genio deductivo de Sherlock Holmes,
circunnavegué el globo terráqueo en 80 días con Phileas Fogg y
Picaporte y sufrí con Los Miserables en las tenebrosas y pestilentes
cloacas de París. Gracias a la pasión por la lectura,
despertado en mí por paquines y tiras cómicas, he conocido la Teoría de
la gran explosión del universo, he visto a Benjamín Franklin encumbrando
su famosa cometa, he escuchado atentamente a Lutero y a San Agustín, he
sido testigo del sacrificio de Sócrates, he comtemplado las divisiones
Panzer del Zorro del desierto enfrentarse a las columnas blindadas del
General Montgomery en las candentes arenas del norte de Africa, y continúo
viajando y descubriendo personajes famosos y tierras ignotas; todo ello cómodamente
sentado o reclinado plácidamente, envuelto en la cálida luz de la lámpara
de mi mesa de noche. Nunca he estado solo desde que conocí a Pancho y
Ramona, y siempre estaré en grata compañía mientras tenga a mi lado un
buen libro. |
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